Cuando este paciente apareció en nuestra consulta, le ocurrió como a otros muchos que no creía mucho lo que yo le contaba. Después de varios años de curas y tratamientos para tratar una úlcera que tenia en el talón y una osteomielitis crónica del calcáneo del pie derecho. Él arrastraba este problema después de un accidente de caza, donde un cartucho le hirió en el muslo. La consecuencia de esto fue que el paciente desarrolló un síndrome compartimental en la pierna, con una perdida completa de la sensibilidad en el pie, parálisis de todos los músculos y un pie calcáneo. Esto es un pie que apoya todo el peso sobre el talón.
Cuando esto ocurre ya sea en pacientes con espina bífida, diabéticos neuropáticos o post síndromes compartimentales, la consecuencia es siempre la aparición de una úlcera que da paso a la infección del calcáneo y a una osteomielitis crónica. Después de esto el camino son desbridamientos repetidos que son superficiales, injertos mal hechos que no valen para nada, abrasar las venas de los pacientes con antibióticos que no logran matar a las bacterias que infectan el hueso, porque las bacterias crean una cápsula que las aíslan de los medicamentos y por último la poca experiencia de muchos traumatólogos y cirujanos plásticos en el campo del tratamiento de las infecciones a nivel del pie. Al final siempre dicen a sus pacientes que acabaran con una amputación.
Realmente la mayor parte de mis pacientes, son personas que han pasado por repetidas operaciones, hechas sin los conocimientos adecuados y que lo único que se consigue es que empeore el paciente.
Hace un año, hicimos una primera operación donde retiramos casi todo el calcáneo infectado, colocando un espaciador de cemento impregnado de antibióticos. Seguimos con antibióticos intravenosos y orales durante unas semanas y cuando los análisis se normalizaron emprendimos el tratamiento definitivo. Junto con el equipo de Alek Lovic y el nuestro, operamos al paciente retirando el espaciador, y desbridando toda la zona. A continuación se liberó todas las arterias y venas de la zona, lo que aumento el flujo de sangre al pie. Corregimos la deformidad calcánea del pie mediante tirantes hechos con tendones, creando un pie con leve equino para que no apoyara todo le peso sobre la zona de la úlcera y por último se extrajo el peroné vascularizado de la pierna contraria, creando un nuevo calcáneo y suturando el pedículo de peroné a la arteria y vena tibial posterior.
Ahora el paciente está completamente curado, no tiene ni rastro de infección, la úlcera se cerró, el pie mejoró su circulación y temperatura y sobre todo volvió a caminar sin problemas. Incluso como podéis ver es capaz a de correr por el pasillo del IICOP. Vuelvo a decir que muchos profesionales, deben de saber bien medir sus conocimientos y si no pueden asumir este tipo de tratamientos, ser honrados con los pacientes y decirles que busquen otras opciones que ellos no pueden darles. Por desgracia en nuestro medio esto ocurre en menos del 1 % de los casos, lo que significa que el 99% restantes quedan con secuelas permanentes o amputados. Es un tema de que debe de hacer reflexionar a muchos profesionales de la salud que aplican tratamientos del siglo pasado, en pleno siglo XXI.
