Bueno, esto que le ocurrió a este paciente antes del verano pasado, es algo habitual para nosotros. Algunos personas acuden al IICOP, con cierta incredulidad con respecto a que su problema se pueda solucionar. En el caso de los pacientes con secuelas de polio en sus pies y piernas, todavía más ya que todos son adultos y normalmente han oído repetidas veces que no se podía hacer nada por sus pies en equino o equino varo. Muchos están condenados al uso de unas horribles botas ortopédicas o férulas antiequino que en algunos casos todavía son hechas en acero.
Comprenderéis que a veces nuestro trabajo es el doble de duro, porque no solo tenemos que resolver el problema que tiene el paciente, si no que además debemos emplearnos a fondo muchas veces para que pierdan su incredulidad y piensen que su problema se lo podemos solucionar. Cuando entienden los argumentos que les exponemos, empiezan su camino para poderse curar.
Pues este es el caso del paciente aragonés que hemos operado antes del verano con un pie equino varo por secuela de la polio, que padeció cuando tenia un año y medio, ahora tiene setenta. La primera vez que vino a IICOP, yo veía que no se creía nada de lo que le estaba explicando y de hecho cuando se marchó de la consulta solo me dijo que ya se lo pensaría lo de operarse.
Pasadas unas semanas, él lo meditó y llamó para decirnos que quería seguir adelante con la operación. La corrección del pie y de la pierna fue complicada, fue preciso alinear primero la tibia ya que estaba mal posicionada con respecto al pie. Posteriormente corregimos el equinismo del pie, haciendo que este fuera estable, pero mejorando la movilidad del tobillo que antes estaba en flexión plantar (equino). Arreglamos los dedos del pie y transferimos tendones al dorso del pie que aunque no funcionaban mucho, mantenían la posición del pie de una manera adecuada.
Ahora ya pasados cinco o seis meses de la operación, él es capaz de caminar normalmente después de casi setenta años sin haberlo hecho, usa zapatos normales ya que no precisa ningún tipo de bota ortopédica. Su incredulidad ha desaparecido, habiendo aumentado su agradecimiento, cosa que yo percibo cada vez que los despedimos, ya que me da un efusivo apretón de manos, como diciéndome “Mis dudas del principio han desaparecido por completo y ahora creo todo lo que me dijo el primer día”.
Espero que con sus dos pies pueda viajar por muchos sitios. Aquí podéis ver su testimonio que espero sirva para más persona que padecen las secuelas de esta enfermedad para decidirse a reparar su pies y piernas.
